Una profesora mía nos definió una vez el ser ingeniero como alguien que busca soluciones a los problemas. Y eso es algo que se puede ser con título universitario o sin él. Hay quien tiene el papel enmarcado de ingeniería y de ello poco es y hay quien al revés. Ese debió ser el caso de Vicente Ferrer. Él pensaba que no había milagro que esperar, sino que había que salir a buscarlo y que era una locura, pero había que intentarlo.
Nació en 1920 en Barcelona y se crió en sus calles. Estuvo en el frente del Ebro, durante la Guerra Civil española en el bando republicano y sin pegar ni un solo tiro. Antes de ingresar en la Compañía de Jesús estuvo un tiempo en el campo de concentración de Betanzos. Estudió en un monasterio cerca del Moncayo y de ahí a la India como misionero.
Lo suyo no era orar y callar. Así poco se solucionaba ante tanta miseria como encontró. También consideró que había otras prioridades antes que hablar de Dios a los lugareños. De lo primero que hizo fue construir un pequeño hospital con sus propias manos y poco a poco fue progresando.
Este señor dio el concepto de dignidad a las gentes de las “castas” más miserables. Les hizo ver que podían aspirar al bienestar o incluso, por que no, a la felicidad. Eso si, con esfuerzo, sacrificio y lucha. Les enseñó a pescar. Fue la continuación del mensaje de Cristo. Los hombres son iguales e hijos de Dios, por encima de imperios, estamentos y “castas”.
Como era de esperar, fue expulsado de la Compañía de Jesús (mejor para él). Incluso tuvo que ausentarse un tiempo de la India y volver pero a un lugar diferente, por la REVOLUCIÓN (de sudor, no de sangre) social que había montado. En 1969 creó el Consorcio para el Desarrollo Rural. Como fruto de su iniciativa se han construido 39000 viviendas, tres hospitales generales, un centro de planificación familiar, 14 clínicas rurales, 1696 centros educativos y un centro para enfermos terminales de sida, entre otras muchas cosas más. Se excavaron miles de pozos y unos 2300 embalses hacen florecer cosechas donde antes sólo había polvo.
Con él se hizo realidad el milagro de los panes y los peces. También promovió un plan de control de la natalidad con lo que se mejoró la calidad de vida de muchas mujeres.
Insisto en que podemos ver una gran evocación de los milagros de Jesús de Nazaret en la vida de este catalán. Además, como he comentado, la revolución de sus palabras. Ha sido un santo sin martirio.
Descanse en paz quien fue un hombre de paz.
Nació en 1920 en Barcelona y se crió en sus calles. Estuvo en el frente del Ebro, durante la Guerra Civil española en el bando republicano y sin pegar ni un solo tiro. Antes de ingresar en la Compañía de Jesús estuvo un tiempo en el campo de concentración de Betanzos. Estudió en un monasterio cerca del Moncayo y de ahí a la India como misionero.
Lo suyo no era orar y callar. Así poco se solucionaba ante tanta miseria como encontró. También consideró que había otras prioridades antes que hablar de Dios a los lugareños. De lo primero que hizo fue construir un pequeño hospital con sus propias manos y poco a poco fue progresando.
Este señor dio el concepto de dignidad a las gentes de las “castas” más miserables. Les hizo ver que podían aspirar al bienestar o incluso, por que no, a la felicidad. Eso si, con esfuerzo, sacrificio y lucha. Les enseñó a pescar. Fue la continuación del mensaje de Cristo. Los hombres son iguales e hijos de Dios, por encima de imperios, estamentos y “castas”.
Como era de esperar, fue expulsado de la Compañía de Jesús (mejor para él). Incluso tuvo que ausentarse un tiempo de la India y volver pero a un lugar diferente, por la REVOLUCIÓN (de sudor, no de sangre) social que había montado. En 1969 creó el Consorcio para el Desarrollo Rural. Como fruto de su iniciativa se han construido 39000 viviendas, tres hospitales generales, un centro de planificación familiar, 14 clínicas rurales, 1696 centros educativos y un centro para enfermos terminales de sida, entre otras muchas cosas más. Se excavaron miles de pozos y unos 2300 embalses hacen florecer cosechas donde antes sólo había polvo.
Con él se hizo realidad el milagro de los panes y los peces. También promovió un plan de control de la natalidad con lo que se mejoró la calidad de vida de muchas mujeres.
Insisto en que podemos ver una gran evocación de los milagros de Jesús de Nazaret en la vida de este catalán. Además, como he comentado, la revolución de sus palabras. Ha sido un santo sin martirio.
Descanse en paz quien fue un hombre de paz.

2 comentarios:
Has dejado unos comentarios en mi blog y te lo agradezco. Primero, porque hace ilusión que alguién te lea y te escriba y sobre todo porque así he podido llegar hasta aquí y leer tus posts.
De este último, me uno a tu admiración por este hombre. Yo no sabía de él gran cosa, pero un amigo que ha viajado a la INdia en tres ocasiones lo conoció y hablaba maravillas de él y de su labor.
Y de los post anteriores, completamente de acuerdo con el de la educación en la mesa. ¡¡¡¡No soporto los ruidos de algunos al masticar, chapucear la comida, beber sin haber tragado, ...ufffff!!!!
Ah, y otra cosa más, tenemos en común lo de la Ingeniería...
Saludos
¡Muchas gracias Cristina!
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