sábado, 20 de junio de 2009

MUERE UN SANTO

Una profesora mía nos definió una vez el ser ingeniero como alguien que busca soluciones a los problemas. Y eso es algo que se puede ser con título universitario o sin él. Hay quien tiene el papel enmarcado de ingeniería y de ello poco es y hay quien al revés. Ese debió ser el caso de Vicente Ferrer. Él pensaba que no había milagro que esperar, sino que había que salir a buscarlo y que era una locura, pero había que intentarlo.
Nació en 1920 en Barcelona y se crió en sus calles. Estuvo en el frente del Ebro, durante la Guerra Civil española en el bando republicano y sin pegar ni un solo tiro. Antes de ingresar en la Compañía de Jesús estuvo un tiempo en el campo de concentración de Betanzos. Estudió en un monasterio cerca del Moncayo y de ahí a la India como misionero.
Lo suyo no era orar y callar. Así poco se solucionaba ante tanta miseria como encontró. También consideró que había otras prioridades antes que hablar de Dios a los lugareños. De lo primero que hizo fue construir un pequeño hospital con sus propias manos y poco a poco fue progresando.
Este señor dio el concepto de dignidad a las gentes de las “castas” más miserables. Les hizo ver que podían aspirar al bienestar o incluso, por que no, a la felicidad. Eso si, con esfuerzo, sacrificio y lucha. Les enseñó a pescar. Fue la continuación del mensaje de Cristo. Los hombres son iguales e hijos de Dios, por encima de imperios, estamentos y “castas”.
Como era de esperar, fue expulsado de la Compañía de Jesús (mejor para él). Incluso tuvo que ausentarse un tiempo de la India y volver pero a un lugar diferente, por la REVOLUCIÓN (de sudor, no de sangre) social que había montado. En 1969 creó el Consorcio para el Desarrollo Rural. Como fruto de su iniciativa se han construido 39000 viviendas, tres hospitales generales, un centro de planificación familiar, 14 clínicas rurales, 1696 centros educativos y un centro para enfermos terminales de sida, entre otras muchas cosas más. Se excavaron miles de pozos y unos 2300 embalses hacen florecer cosechas donde antes sólo había polvo.
Con él se hizo realidad el milagro de los panes y los peces. También promovió un plan de control de la natalidad con lo que se mejoró la calidad de vida de muchas mujeres.
Insisto en que podemos ver una gran evocación de los milagros de Jesús de Nazaret en la vida de este catalán. Además, como he comentado, la revolución de sus palabras. Ha sido un santo sin martirio.
Descanse en paz quien fue un hombre de paz.

jueves, 18 de junio de 2009

LA MESA

-Ni un día sin línea, ni un día sin periódicos, ni un día sin pan, ni un día sin amor-

Comentábamos el sábado pasado, durante una cena familiar, sobre el mal hábito de masticar con la boca abierta. Vino a cuento la figura de un pariente que lo hace como si pretendiese que uno le vea los empastes o las anginas. Y como no, su padre hace lo mismo.
Lo dije y lo digo. En la vida, se puede ser poco versado en gramática, solfeo, historia clásica o termodinámica. Pero hay un mínimo de cultura. Comportarse con mínima corrección en la mesa es cultura, definida como el conjunto de creaciones del hombre en general o de una sociedad determinada. Por ello, creo que se es más culto por el hecho de saber masticar con la boca cerrada, tomar la sopa sin absorber, usar los cubiertos y no emitir sonidos de cuadra que dominar el pentagrama o el derecho mercantil.
Recuerdo que en Kill Bill, cuando la protagonista se veía incapaz de coger el arroz con los palillos (tenía las manos machacadas de dar hostias a un tablón de madera)y recurría a hacerlo con los dedos, su cruel maestro oriental tiraba el alimento al suelo y le indicaba que si iba a comer como un animal, lo haría en el suelo como los animales y sí quería comer como las personas, en la mesa, lo haría como persona. Ella, haciendo un esfuerzo tremendo, conseguía llevarse el arroz a la boca (con los palillos).
En la mesa se puede ser pobre y tener un solo plato para cinco (mis abuelos y padres los vieron), pero tener la misma dignidad que el rico, no solo por nacimiento sino por acto. La educación nos hace humanos. Nadie nace sabiendo y lamentablemente hoy día muchos padres no inculcan o transmiten a sus hijos las formas mínimas de educación y comportamiento. Además, mucha gente al darse cuenta de su defecto, reaccionan con burla y regocijo en su error; algo muy español. La soberbia es el rostro de la mediocridad. Allá cada uno.

martes, 16 de junio de 2009

DEPORTE

Una costumbre que perdí hace años y de lo que me lamento, fue la de hacer deporte. Cuando me entrenaba al baloncesto por mi cuenta, con el ánimo de presentarme a pruebas de ingreso en equipos me sentía vivo. Luego, por una serie de motivos como una operación de rodilla y otras historias lo dejé totalmente y fue una pena (me di al alcohol y la mala vida). El caso es que el pasado hay que analizarlos lo justo y necesario.
Hace ya unas semanas que me dedico a correr unos 3 kilómetros cada mañana y la verdad es que me encuentro mucho mejor anímicamente, además de algo más ágil. Me gusta hacerlo y me he prometido a mi mismo no dejar de hacerlo. Es más, pienso complementarlo con ir un rato a la piscina a nadar.
Lo del deporte lo veo una actividad esencial en la salud física y mental del ser humano (o yo por lo menos). Aporta fuerza, agilidad y espíritu de lucha. Pero lamentablemente, esta actividad se ve obstaculizada por la falta de tiempo o de equipamientos donde realizarla.
El tener o no tener tiempo es un tema difícil y delicado. Menos mal que ya se inventó la bicicleta estática.
Los equipamientos públicos debe ser un objetivo primordial por parte de las administraciones, pero siempre con el fin de utilidad por parte del ciudadano llano. De nada me sirve estadios descomunales si solamente van a servir para ver a figurines dando saltos por la tele. Es por ello, por lo que yo soy muy escéptico con el rollo del Madrid olímpico. Si tales inversiones solo van a servir para entretenimientos de tardes, paso del tema. Mejor que nos gastemos el dinero en otra cosa. A mi es que lo de ver gente haciendo deporte y competiciones por la tele nunca me ha ido.
Al igual que me arrepiento un poco de haber perdido la disciplina hace años, también me alegro de no haber llegado a formar parte de ningún equipo juvenil donde me hubiera dedicado a dar mi tiempo, esfuerzo, dedicación, sacrificio y libertad a cambio de los intereses de un entrenador y un club deportivo, bajo riego de lesiones. Una cosa es mejorarse la vida a uno mismo y otra hacer el gilipollas. También es cierto que nunca, nunca, nunca he tenido la fantasía de ser deportista profesional.