
Un día que acababa de salir de la universidad y con la cabeza como un bombo, me crucé por un pasillo del Metro con un cartel anunciando una exposición fotográfica. En dicho anuncio posaban tres mozalbetes de tez eslava juveniles, sensuales y desenfadados con trajes de marinerito. Una imagen de esas que a uno le pueden hacer replantearse su heterosexualidad.
La exposición, Glory Days, se encuentra de forma temporal en la antigua torre de presión del Canal de Isabel II en la calle de Santa Engracia y tiene como protagonistas las instantáneas de un señor nacido en Ucrania.
Lo ruso siempre me ha causado cierta fascinación y una mezcla de admiración y compasión por las perrerías, fríos y malas uvas pasadas por ese pueblo. Meterse entre las obras de Sergey Bratkov es hacer un recorrido por la Rusia casi actual y sus elementos. Elementos de los que forman parte los iconos occidentales en niños fumando, alusiones a la prostitución y la mala vida (Princesas y Luchadores sin reglas) y ese dolor que siempre me ha llamado la atención, expuesto en un video: La vida es dolor. Y es que siempre que se oye hablar a los rusos parece que están de mala leche.
Hay una serie de fotografías titulada Niños, delicia de pedófilos y denuncia de la pederastia por la que he leído que el autor tuvo que dar cuentas ante un tribunal. No se le declaró culpable de nada y el alegó que los propios padres habían llevado a los chiquillos a la sesión vestidos así. Desde luego, verlo a uno no lo deja indiferente. Y en la línea infantil, Adictos al pegamento es un viaje a través de la demencia, locura y delirio en cerebros demasiado jóvenes. Impacta verlos. Risa, tristeza y ensueño. Cuentos para dormir invita al surrealismo y la pesadilla. Aunque me reí con una foto en la que se hace alusión al nazismo.
Rusia no es Rusia sin su ejército y sin sus mujeres. De ello da muestra un par de imágenes: Chichas del ejército. También podemos ver a un niño con lo que debe ser un traje de comunión soviético.
En Mi Moscú se aprecia desde la llegada del sueño americano (tema que merece un exhaustivo tratamiento a parte) hasta la nostalgia por el anterior régimen pasando por las fiestas en los parques, el ocio y comercio, los rusos de raza asiática caminado por su capital, los iconos, muñecas, forzudos peleones y la diversión en pareja o familia (que sobrevivió al comunismo).
Marineros me causa especial atención. La vida ya vivida de hombres que sirvieron a la madre patria. Fieles a sus compañeros. ¿Sus vidas fueron buenas, malas, satisfactorias, penosas, mediocres, felices, amargadas? Solo ellos lo saben.
Por último Vulcanoides me hace pensar que al margen de las circunstancias, la felicidad puede emanar.
Bueno, me despido dejando lo que más me ha gustado. Será por que son mujeres, será por que son bellas, será por que representan por un lado la Rusia poderosa, marcial, capaz de dejar al mundo sin aliento, altiva, grandiosa y por otro la Rusia humilde, sencilla, pobre, sufrida y bonita.
La exposición, Glory Days, se encuentra de forma temporal en la antigua torre de presión del Canal de Isabel II en la calle de Santa Engracia y tiene como protagonistas las instantáneas de un señor nacido en Ucrania.
Lo ruso siempre me ha causado cierta fascinación y una mezcla de admiración y compasión por las perrerías, fríos y malas uvas pasadas por ese pueblo. Meterse entre las obras de Sergey Bratkov es hacer un recorrido por la Rusia casi actual y sus elementos. Elementos de los que forman parte los iconos occidentales en niños fumando, alusiones a la prostitución y la mala vida (Princesas y Luchadores sin reglas) y ese dolor que siempre me ha llamado la atención, expuesto en un video: La vida es dolor. Y es que siempre que se oye hablar a los rusos parece que están de mala leche.
Hay una serie de fotografías titulada Niños, delicia de pedófilos y denuncia de la pederastia por la que he leído que el autor tuvo que dar cuentas ante un tribunal. No se le declaró culpable de nada y el alegó que los propios padres habían llevado a los chiquillos a la sesión vestidos así. Desde luego, verlo a uno no lo deja indiferente. Y en la línea infantil, Adictos al pegamento es un viaje a través de la demencia, locura y delirio en cerebros demasiado jóvenes. Impacta verlos. Risa, tristeza y ensueño. Cuentos para dormir invita al surrealismo y la pesadilla. Aunque me reí con una foto en la que se hace alusión al nazismo.
Rusia no es Rusia sin su ejército y sin sus mujeres. De ello da muestra un par de imágenes: Chichas del ejército. También podemos ver a un niño con lo que debe ser un traje de comunión soviético.
En Mi Moscú se aprecia desde la llegada del sueño americano (tema que merece un exhaustivo tratamiento a parte) hasta la nostalgia por el anterior régimen pasando por las fiestas en los parques, el ocio y comercio, los rusos de raza asiática caminado por su capital, los iconos, muñecas, forzudos peleones y la diversión en pareja o familia (que sobrevivió al comunismo).
Marineros me causa especial atención. La vida ya vivida de hombres que sirvieron a la madre patria. Fieles a sus compañeros. ¿Sus vidas fueron buenas, malas, satisfactorias, penosas, mediocres, felices, amargadas? Solo ellos lo saben.
Por último Vulcanoides me hace pensar que al margen de las circunstancias, la felicidad puede emanar.
Bueno, me despido dejando lo que más me ha gustado. Será por que son mujeres, será por que son bellas, será por que representan por un lado la Rusia poderosa, marcial, capaz de dejar al mundo sin aliento, altiva, grandiosa y por otro la Rusia humilde, sencilla, pobre, sufrida y bonita.
