
El otro día me enteré, a través del periódico, que el gran proyecto que tuvo Stanley Kubrick fue una descomunal película titulada Napoleón. Pero al igual que le sucediera al europeo emperador, la dimensión de la empresa devoró al director de cine. Dos años dedicados a recabar imágenes y archivos, además de un guión de 185 páginas. Escenarios, uniformes, sentimientos, iras y lujurias del personaje configuraban el proyecto. Parece ser que incluso el neoyorquino cineasta llegó a contagiarse de la soberbia y ambición que en su momento dominaron al personaje histórico. Histórico y clásico cuadro psicológico.
Charlando ayer con mi amigo Mijel, surgió la figura del protagonista del film Barry Lyndon, el cual me encanta. En lo que llevo de vida he ido conociendo la historia de personajes que han empleado su vida en dominar, engañar y maltratar a los demás en pos de su interés personal y material. Este tipo de tipos y de tipas, llegan a un momento en su madurez en el cual que lo han conseguido todo: estabilidad económica, un hogar, carnaza sexual, descendencia, fama y reconocimiento social. Pero en varios casos he visto como, cuando menos se lo esperaban, por que creían que ya estaba todo hecho y apañado, les ha venido el palo. Ese golpe que ya creían vencido e inexistente. No se si siempre, pero en muchas ocasiones ser un cretino se termina pagando. Se recoge lo que se siembra y si la semilla ha sido el odio, se recogen tempestades terribles. No se si eso le pasaría a Stanley Kubrick (espero que el no fuese así) pero creo que si a Napoleón. Terminó sus días solo, amargado, preso de sus peores enemigos, con el cuerpo y el alma envenenados. Ese final distó mucho de la gloría imperial que persiguió y de la que se llegó a autoproclamar. Riquezas infinitas, poder absoluto y fama universal. Se sentía salvador de pueblos, naciones y verdades. Quién le diría en aquellos momentos de infinita victoria, cual sería su miserable final. Y todo a cambio de dejar un reguero de muerte y sufrimiento por toda Europa.
Dejo al criterio de los demás, si a pequeña escala, ese fue el caso del protagonista de Barry Lyndon.
Charlando ayer con mi amigo Mijel, surgió la figura del protagonista del film Barry Lyndon, el cual me encanta. En lo que llevo de vida he ido conociendo la historia de personajes que han empleado su vida en dominar, engañar y maltratar a los demás en pos de su interés personal y material. Este tipo de tipos y de tipas, llegan a un momento en su madurez en el cual que lo han conseguido todo: estabilidad económica, un hogar, carnaza sexual, descendencia, fama y reconocimiento social. Pero en varios casos he visto como, cuando menos se lo esperaban, por que creían que ya estaba todo hecho y apañado, les ha venido el palo. Ese golpe que ya creían vencido e inexistente. No se si siempre, pero en muchas ocasiones ser un cretino se termina pagando. Se recoge lo que se siembra y si la semilla ha sido el odio, se recogen tempestades terribles. No se si eso le pasaría a Stanley Kubrick (espero que el no fuese así) pero creo que si a Napoleón. Terminó sus días solo, amargado, preso de sus peores enemigos, con el cuerpo y el alma envenenados. Ese final distó mucho de la gloría imperial que persiguió y de la que se llegó a autoproclamar. Riquezas infinitas, poder absoluto y fama universal. Se sentía salvador de pueblos, naciones y verdades. Quién le diría en aquellos momentos de infinita victoria, cual sería su miserable final. Y todo a cambio de dejar un reguero de muerte y sufrimiento por toda Europa.
Dejo al criterio de los demás, si a pequeña escala, ese fue el caso del protagonista de Barry Lyndon.



