
En mi anterior post, os comentaba a vosotros, mis lectores y lectoras, altos y bajos, gordos y flacos, guapos y feos, pobres y pequeño burgueses, que el vivir un domingo es un arte. Y nombraba como ejemplo, el dedicarlo a la celtíbera mañana en el rastro de Madrid.
Eso fue lo que me aconteció hace ya casi tres semanas, tras dormir 4 horas y despertarme con una resaca de las que hacen historia. Con valentía y audacia, me levanté, me lavé la cara y preparé mi provisión de agua y tableta de chocolate extra fino francés poniendo rumbo a través de los matritenses túneles hasta la Glorieta de Embajadores.
Ando últimamente componiendo una máquina, expresión máxima del ingenio homínido, por lo que la necesidad de encontrar piezas y artilugios me llevó a comenzar mi mercantil ruta por aquella castiza zona.
Tras recorrer la Ronda de Toledo y rebuscar en puestos de cacharros, decidí entretenerme cotilleando libros, juguetes, revistas... y sellos. Hace mucho que no aporto mas elementos a mi colección, pero hubo una caja que me llamó la atención: COLONIAS ESPAÑOLAS. Aquí os dejo mi adquisición de aquella mañana (la única junto a una linterna que funciona sin pilas). Testigo de un pasado poco conocido y del que me gustaría saber más, incluso, escribir.
