miércoles, 19 de marzo de 2008

EL RASTRO DEL PASADO



En mi anterior post, os comentaba a vosotros, mis lectores y lectoras, altos y bajos, gordos y flacos, guapos y feos, pobres y pequeño burgueses, que el vivir un domingo es un arte. Y nombraba como ejemplo, el dedicarlo a la celtíbera mañana en el rastro de Madrid.
Eso fue lo que me aconteció hace ya casi tres semanas, tras dormir 4 horas y despertarme con una resaca de las que hacen historia. Con valentía y audacia, me levanté, me lavé la cara y preparé mi provisión de agua y tableta de chocolate extra fino francés poniendo rumbo a través de los matritenses túneles hasta la Glorieta de Embajadores.
Ando últimamente componiendo una máquina, expresión máxima del ingenio homínido, por lo que la necesidad de encontrar piezas y artilugios me llevó a comenzar mi mercantil ruta por aquella castiza zona.
Tras recorrer la Ronda de Toledo y rebuscar en puestos de cacharros, decidí entretenerme cotilleando libros, juguetes, revistas... y sellos. Hace mucho que no aporto mas elementos a mi colección, pero hubo una caja que me llamó la atención: COLONIAS ESPAÑOLAS. Aquí os dejo mi adquisición de aquella mañana (la única junto a una linterna que funciona sin pilas). Testigo de un pasado poco conocido y del que me gustaría saber más, incluso, escribir.

domingo, 9 de marzo de 2008

DOMINGO

Día del Señor, descanso y fin de la creación. De los siete hermanos, para muchos, el más significativo, junto con el lunes o el viernes.
La verdad, es que me gusta que sea un día de descanso, físico o moral. Antojado al hedonismo, su sabor me ha resultado muchas veces agridulce, por mi condición de estudiante. Hay muchos tipos de estudiantes. Yo soy de los que tienen jornada autónoma y que no conoce de fiestas nacionales, populares y sociales. Mas sarna con gusto no pica.
En la metrópoli madrileña, el domingo puede tener muchos usos. Misas, paseos, museos, eventos diversos, manifestaciones, sex-shops, rastro, cine etc. La opción cascorrera (el rastro) siempre me ha resultado gustosa, a excepción de mi época post adolescente botellonera, en la cual, el domingo era un día de penitencia, del que no se conocía la mañana y se maldecía la tarde.
Luego está el momento amigos después de comer, bebiéndonos el café, el pacharán, la caña, la tarde. Buena manera de enterrar la semana. ¡Qué tiempos!