Tras cinco días posvacacionales, dominados por la incertidumbre y el tedio, mi jefe me comunicó en su despacho, que habiendo cerrado el trato con lo que iba a ser mi nuevo espacio profesional, yo quedaba fuera de él. Me explicó, que mi compañero y yo le gustamos mucho al responsable técnico del departamento y quería que nos uniésemos al equipo, pero, el responsable de la parte económica se negó (la cosa esta muy mala) y solamente han pillado al otro becario.
Durante días me había estado haciendo a la idea de trabajar cuarenta horas a la semana y de cómo iba a compaginarlo con la carrera. También me ví currando en el diseño e instalación de enclavamientos ferroviarios, algo que me llenaba de ilusión y perspectivas de futuro. Siempre me han gustado el mundo del ferrocarril y de alguna manera siempre he pretendido trabajar en él. Más aún, cuando las competencias de la empresa llegan a líneas de nueva construcción (alta velocidad en su mayoría) como trazados e instalaciones decimonónicas.
El disgusto que me llevé, la verdad, es que fue grande. Mi jefe insistió en que voy a seguir como estaba (media jornada) y que el hecho de que el responsable técnico estuviese interesado en contratarme me da puntos a favor. Me contó que piensa insistir otra vez dentro de unos meses y me dio ánimos.
El derrotero de lo negativo conduce por bosques inmundos apestados de arañas que envenenan el alma. Ganas tuve de deprimirme, divagar y auto compadecerme, pero ojala todos los dramas en esta vida sean así. Sigo como hasta ahora y mi objetivo es aprobar tres asignaturas en junio y así, poco a poco, algún día ser ingeniero (técnico o de Bolonia) industrial.
Las cosas siguen su curso y en España vuelve a amanecer.
Durante días me había estado haciendo a la idea de trabajar cuarenta horas a la semana y de cómo iba a compaginarlo con la carrera. También me ví currando en el diseño e instalación de enclavamientos ferroviarios, algo que me llenaba de ilusión y perspectivas de futuro. Siempre me han gustado el mundo del ferrocarril y de alguna manera siempre he pretendido trabajar en él. Más aún, cuando las competencias de la empresa llegan a líneas de nueva construcción (alta velocidad en su mayoría) como trazados e instalaciones decimonónicas.
El disgusto que me llevé, la verdad, es que fue grande. Mi jefe insistió en que voy a seguir como estaba (media jornada) y que el hecho de que el responsable técnico estuviese interesado en contratarme me da puntos a favor. Me contó que piensa insistir otra vez dentro de unos meses y me dio ánimos.
El derrotero de lo negativo conduce por bosques inmundos apestados de arañas que envenenan el alma. Ganas tuve de deprimirme, divagar y auto compadecerme, pero ojala todos los dramas en esta vida sean así. Sigo como hasta ahora y mi objetivo es aprobar tres asignaturas en junio y así, poco a poco, algún día ser ingeniero (técnico o de Bolonia) industrial.
Las cosas siguen su curso y en España vuelve a amanecer.
