lunes, 19 de enero de 2009

MURIÓ


Ha sido un fiel compañero desde hace 5 o 6 veranos. Me costó como unas 15000 pelas y recurrí a él cuando su a su predecesor se le atrofió la batería. Como había trabajado de portero haciendo una sustitución en el número 31 de mi calle, pude darme el gusto de pagarlo de mi bolsillo. No buscaba lujo ni ostentación, por lo que rechacé el modelo siguiente que tenía pantalla en color y politono. De hecho, era el último que quedaba en la tienda. Quería algo que sirviese para llamar ser llamado, enviar, recibir mensaje y disponer de despertador.
La marca la tenia ya fichada por las características que le deba a sus productos y la verdad nunca me arrepentí de la elección.
Pero todo muere y últimamente iba haciendo cosas raras y durando la carga de la batería cada vez menos. En Navidad derramé por accidente una jarra de agua y se le metió el fluido hasta en las conexiones de alimentación. Sobrevivió al percance pero ya hace dos o tres semanas falleció mientras me acompañaba en el hacer cotidiano por la universidad.
Ya le he buscado sustituto (uno de las misma marca, que está muy bien y me han prestado) y a primeros de febrero que acogeré a una promoción que tengo pendiente comprar otro.
Descanse en paz mi fiel compañero durante estos años, testigo de alegrías, disgustos, excitaciones, sinsabores y estupideces.

domingo, 11 de enero de 2009

NIEVE




Hace ya años, creo que unos 10, que no ha caído una nevada tan intensa y con efecto tan perdurables como la de este viernes. Y la verdad es que ha sido un gustito, ya que no deja de ser en el Madrid posmoderno en el cual me he criado, un fenómeno mitológico como mitológicos son los tranvías. Por ello, no pude resistir la tentación de que después de un ratito de estudio matinal, pillar las cámaras de fotos (la mía y la de mi madre que es más moderna y graba mejores videos) y darme el paseo con mi padre en metro hasta Pinar de Chamartín a cazar unas instantáneas del ser mitológico por su nevado feudo. Así de paso pude horrorizarme con los encantos de la arquitectura contemporánea y seguir valorando y apreciando lo tradicional.
El fin de semana me lo he pasado metido en casa preparando el examen que tengo este lunes de cálculo infinitesimal. Y la verdad está siendo un gusto contemplar el paso del coloso siberiano en compañía de mi radiador mientras reflexiono y medito sobre el maravilloso mundo de la integración indefinida, series de potencia, aproximación local y representación de funciones. Y la verdad es que con todo esto no he tenido el gusto de catar los encantos del colapso general de carreteras y aeropuerto. Tampoco quiero opinar sobre si las administraciones públicas no han actuado correctamente. Desconozco ahora mismo los medios de que se dispone para semejante situación y si es lícito que el aeropuerto de Barajas estuviese cerrado 6 horas. No voy a entrar a juzgarlo. Al menos, doy gracias de que la red eléctrica ha resistido el embiste y ninguna subestación de Madrid se ha achicharrado.
Continuaré esta tarde de domingo, tras la dar cuenta de un buen plato de cordero con verduras y patas fritas, instruyéndome en el cálculo en compañía de mi radiador y suspirando por un viaje en un viejo tranvía por una ciudad nevada.




jueves, 8 de enero de 2009

VUELTA AL RUEDO


Llevo días sintiendo la agonía del regreso a la rutina cruda y peluda tras las fiestas de Navidad. Es una sensación molesta que empaña los buenos momentos de ocio y cariño. Es una especia de bestia lista para salir al ruedo de la vida justo cuando yo también lo haga. Una bestia brava y temible, ante la cual, si se quiere vivir la vida, no queda más remedio que exponerse.
Si salgo corriendo me va a pillar igual y la muerte va a ser semejante. Queda la opción de plantar cara y convertir el drama en arte y experiencia. Sudor y temple como rebeldía ante el miedo y la holgazanería; son las únicas alternativas. Capa, espada y a lidiar.
Hoy ya he empezado a enfrentarme, de nuevo, a las bestias: exámenes, entrega de memorias de laboratorio, horas de vuelo con el programa de diseño del trabajo, etc. Y la verdad, es que no es para tanto. La alegría que llega a generar el enfrentarse a los problemas. Incluso a costa de recibir cornadas, revolcones y pisadas; paradojas de la muerte. A veces se vive más recibiendo golpes que huyendo de ellos.
Así que con esto y un bizcocho hasta mañana a las ocho.