El sábado pasado, estando en muy buena compañía, tuve la oportunidad de ver un programa en TELE PRISA que era algo así como la Supernanny pero con perros. El caso a tratar era el de una familia británica: padres, dos hijos y 2 perros. El más pequeño y cabrón de los cuatro canes creo recordar que se llamaba TITI PON PON. Era el dueño, amo y señor de la casa. Tenía dominado a todo el mundo y había convertido al otro chucho de raza pekinesa en su drugo. La raza en sí de TITI PON PON, no la recuerdo y apenas entiendo del tema. Solo puedo decir que era poco más grande que una rata y con más pelo.
Se conoce que nadie del exterior, vecinos y amigos, podían entrar en la casa, sin que esa alimaña se les echase encima y les mordiese. A un vecino le hizo sangre en una mano y extraño es que no les denunciase. Además, a saber, lo que semejante bicho haría con un niño pequeño.
Lo que la nanny perruna enseñó a la familia desde el principio es que TITI PON PON se había convertido en el amo de la casa y ello debido a la premiosidad que le ofrecía la señora. Se conoce, que para aplacar un instinto maternal aún latente, trataba a los dos animales como niños pequeños consentidos. Pero TITI PON PON tenía instinto de manada y más cosas. Con frecuencia se le arrimaba a los pies y se restregaba con ella hasta llegar al clímax sexual además de robarla las bragas usadas para lo mismo o meterse por las noches en la cama con ella. Es por ello por lo que se puede decir que el perro tenía a la mujer como su hembra. El resto de la familia asentía sumisos los deseos de la mama, incluido el marido que se tenia que acostar por las noches con cuidado y sigilo para no sufrir mordedura y cumplir con el sacramento a escondidas de la bestia. No hay que descontar las veces en las que el ser so orinaba en las mantas de la cama o cualquier sitio de la casa para marcar su propiedad.
No podía quedarme a ver todo el programa y solo vi como la educadora empezaba a utilizar utensilios como un claxon o un bote de aire comprimido para corregir la mala conducta. Y tenía efecto. Cuando TITI PON PON se ponía chulito, echaba un poco de aire comprimido cerca de él y salí despavorido a refugiarse debajo de una mesa tembloroso y asustado. De ello se deduce, que muchas veces, tirano y tiranas, estatales o domésticos, tienen el poder que los demás le otorgan. La condición física va a parte. También es digno de atención el análisis psicológico de la dueña del perro.
Por ultimo, no pude evitar el deseo de haber rectificado y castigado la conducta del perrito mediante métodos celtibéricos de la España del porrón. En mi pueblo le hubieran sabido dar lo suyo a semejante rata canina.
