jueves, 18 de junio de 2009

LA MESA

-Ni un día sin línea, ni un día sin periódicos, ni un día sin pan, ni un día sin amor-

Comentábamos el sábado pasado, durante una cena familiar, sobre el mal hábito de masticar con la boca abierta. Vino a cuento la figura de un pariente que lo hace como si pretendiese que uno le vea los empastes o las anginas. Y como no, su padre hace lo mismo.
Lo dije y lo digo. En la vida, se puede ser poco versado en gramática, solfeo, historia clásica o termodinámica. Pero hay un mínimo de cultura. Comportarse con mínima corrección en la mesa es cultura, definida como el conjunto de creaciones del hombre en general o de una sociedad determinada. Por ello, creo que se es más culto por el hecho de saber masticar con la boca cerrada, tomar la sopa sin absorber, usar los cubiertos y no emitir sonidos de cuadra que dominar el pentagrama o el derecho mercantil.
Recuerdo que en Kill Bill, cuando la protagonista se veía incapaz de coger el arroz con los palillos (tenía las manos machacadas de dar hostias a un tablón de madera)y recurría a hacerlo con los dedos, su cruel maestro oriental tiraba el alimento al suelo y le indicaba que si iba a comer como un animal, lo haría en el suelo como los animales y sí quería comer como las personas, en la mesa, lo haría como persona. Ella, haciendo un esfuerzo tremendo, conseguía llevarse el arroz a la boca (con los palillos).
En la mesa se puede ser pobre y tener un solo plato para cinco (mis abuelos y padres los vieron), pero tener la misma dignidad que el rico, no solo por nacimiento sino por acto. La educación nos hace humanos. Nadie nace sabiendo y lamentablemente hoy día muchos padres no inculcan o transmiten a sus hijos las formas mínimas de educación y comportamiento. Además, mucha gente al darse cuenta de su defecto, reaccionan con burla y regocijo en su error; algo muy español. La soberbia es el rostro de la mediocridad. Allá cada uno.

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