viernes, 20 de febrero de 2009

VICTORIA


Hace ya una semana que terminé los exámenes y el finde padecí el sinsabor de la espera de los resultados. El lunes supe que había aprobado Centrales Eléctricas I y el martes llegó el gran momento: Cálculo Infinitesimal aprobado.
Hace años, cuando estaba en bachillerato las cosas no me iban nada bien. Estaba desanimado, deprimido, con problemas en casa y pasaba las horas en un instituto que me asqueaba. En cambio, tenia claro que quería estudiar ingeniería, porque era y es lo que me gusta. Recuerdo que Don Jesús García Delso, mi profesor de Fundamentos de Electrónica, un día fuera de clase me dijo que lo mío, según él, era meterme a Ingeniería Industrial en electrónica o electricidad. Ahora bien, también añadió que me iba a costar mucho.
Pasó el tiempo y a selectividad fui por ir. Las cosas me iban de culo y la gran deficiencia que tenia en aquella preparación para la carrera eran, como no, las matemáticas. Pasó un verano que dediqué a alguien que no merecía la pena y me matriculé en un ciclo de formación profesional superior. Desarrollo de proyectos mecánicos, que es algo así como lo que antiguamente era delineante industrial. Lo terminé en tiempo y forma y tomé la decisión, cuando estaba de prácticas, de aprovechar el acceso de FP superior a las ingeniería técnicas y matricularme en la Escuela Universitaria de Ingeniería Técnica Industrial de Madrid.
El reto ha sido muy importante y desde el principio ha habido gente que me ha desanimado alegando lo difícil que es una carrera de ese pelaje. Recuerdo concretamente a cierto desgraciado (no por lo que me dijo sino por como era y seguirá siendo) que también estudió FP superior y tuvo la duda (optó por el camino laboral), que me pregunto si no me daba miedo enfrentarme a asignaturas como Cálculo Infinitesimal. Le conteste que sería cuestión de enfrentarse a ello.
Han pasado los años y he recibido palos para parar un tren, de fuera e interiores. Me he enfrentado a sinsabores, asqueamientos y desplantes. También he aprendido el concepto de sobrevivir, esfuerzo, dedicación, constancia y sacrificio. He padecido la falta de apoyo por parte de los demás. Apoyo que nunca debí de esperar de muchos y que en el caso de otros, en verdad nunca lo perdí. Simplemente que al verme hundido preferían que hiciese otra cosa, que por no tener una carrera iba a ser menos para ellos y que no merece la pena echar la vida por el fregadero por una aspiración académica. De hecho, llegó un momento en el cual tuve que asumir que probablemente nunca llegase a ser Ingeniero Técnico y con ello estar en paz conmigo mismo. Asimilar que el hecho de no lograr un objetivo no podía significar vivir moralmente enfermo, y prisionero de mi ego. Aquello, que sucedió después de un verano entero estudiando Teoría de Circuitos I para luego encontrarme una putada de examen, el cual aprobó un solo alumno de 65 que nos presentamos, me dio fuerzas para volver a matricularme de asignaturas y continuar con la guerra.
Calculo Infinitesimal es una asignatura de la cual, ahora que he logrado vencerla, me doy cuenta, que cuando comencé la carrera no tenia ni puñetera idea. Sobre las matemáticas no tenía lagunas; tenía el Plan Badajoz. Pero antes que dejarlo y ponerme con otra cosa, tuve el empeño de adquirir esa base que me faltaba. Porque simplemente me apetecía y parecía interesante. El camino no fue nada fácil.
Tras intentarlo por mi cuenta (terminaba por aburrirme y no ir a clase) fue a una academia, en la cual, el estafador que llevaba la asignatura y que era dueño del negocio me puteó con los horarios. Empecé en un grupo por que era el que me interesaba, pero como no le era rentable lo cerró a las dos semanas y me jodió. Intenté seguir hiendo a otras horas, pero la versatibilidad de horario que el aseguraba empezó a incumplirse ya que tan pronto daba mucho temario en uno, como se arrascaba las criadillas en el otro. Total, que no supe estar a la altura de las circunstancias por lo que no me enteré de nada y perdí el dinero. Además, su método de enseñanza era muy gitano y basado en argucias y chanchullos matemáticos.
Volvía a intentarlo por mi cuenta y la cosa seguía sin funcionar. No era capaz de seguir la evaluación continua y me comía los mocos en clase. Se pasaban los días, las semanas y ni siquiera me presentaba a los exámenes.
Ya hace un par de veranos, fui a otra a academia. La cosa empezó a cambiar. Con mucho esfuerzo y dedicación empecé a forjar esa base que no tenía poco a poco fui demostrándome que era capaz de enfrentarme a cuestiones referentes a números complejos o análisis de funciones en una variable. Lo intenté dos veces más pero me quedé cerca del aprobado.
El día 12 de febrero de este año de Nuestro Señor, con nervios y miedo me volví a enfrentar a la bestia. Hubo un momento que veía la derrota, con ganas de llorar al tener que derivar una función, que con todo el respeto, parecía que la había puesto el hijo de la Charito. Salí del examen exhausto pero con el sabor de la lucha y el combate; 5.3
Durante todo este tiempo, de estudiante mal parado, nunca he tenido la intención de aprovecharme de nadie ni vivir del cuento, sino de simplemente lograr un objetivo noble (a mi parecer) y como me expresó un amigo: hacer lo que he creído que debía de hacer, lo que me dictaba el corazón, el instinto y el arte.

Dedicado a Ana, con todo el cariño.

viernes, 6 de febrero de 2009