Guste o no guste, la violencia forma parte de la vida. La naturaleza, en su injusta anatomía, se rige por actos de guerra. Depredadores y presas viven el arte de huir y cazar. También de la defensa y la ofensa. Los machos de una misma especie combaten por la supremacía de la manada y las hembras tres cuartos de lo mismo. Es una de esas cosas, que a mí, no me gusta de este mundo. En la concepción que tengo sobre el cielo, no está la guerra. Siempre me lo imagino como una gran orgía (sin condón, por supuesto) aderezada por la compañía de todos quienes han sido mis amigos y colegas, libres de toda culpa y mala leche, en un macro botellón, eterno y sin resacas ni enfermedades venéreas. This could be heaven for everyone cantaba Freddie Mercury con el billete de ida en la mano, esperando al último tren de su vida. Mucha razón tenía. Las personas toman el fruto prohibido. Violencia para aprovecharse de los demás y sentirse poderosos. El árbol prohibido da las manzanas del dolor. Suculento camino corto que provoca la expulsión del Edén. Hasta el momento es el sentido metafórico que he conseguido sacarle a la historia de Adán y Eva, a parte de que la mujer es mala y el hombre gilipollas.
De las peleas en el colegio recuerdo con amargura aquellas que no llegaron a ejecutarse. Considero que aguanté demasiados desagravios y ofensas sin levantar la mano. Me daba miedo hacerlo y me causaba dolor verme en aquella situación. Aunque también llegué a provocar situaciones parecidas. Ninguno estamos exentos de culpa. Otra vez la Biblia.
El otro día evocaba junto con mi amigo Andrés, la época en que salíamos de farra por Moncloa y el personaje clásico del malote. Tipos que salían cada fin de semana, engalanados para el combate. Con novia o sin ella alardeaban de fuerza, física y visual, buscando con la mirada candidatos para sus duelos de puños y patadas. Tipejos que sentían la necesidad de agredir por tan solo una supuesta mala mirada a él o no tan mala a su hembra. Toda una tribu de tribus, que merece ríos de tinta a parte. Ni a mi amigo, ni a mi, se nos pasaba por la cabeza andar por la calle con tales planes. Lo nuestro era un buen botellón y a tomar copas por los Bajos de Argüelles (durante una época). Aunque a mis coleguillas del barrio, de los que me faltó tiempo para dejar de verles, si les motivaba ese estereotipo del bakala desfasado, alucinado y cocainómano. Allá cada uno con sus mitos. Es cierto que el tiempo nos ha ido poniendo a cada uno en su sitio y yo ahora no me cambiaba el pellejo por el de ninguno de aquellos artistas. El éxtasis y la nieve han ido haciendo estragos y ya, compañeros míos del colegio, no valen ni para una mala sodomía. Y mira que nos lo avisaron.
Camino y caminaré con entre violencia. Más que la que había antes y menos de la que hay en muchos lugares. Estoicismo e inteligencia para evitar lo absurdo.
De las peleas en el colegio recuerdo con amargura aquellas que no llegaron a ejecutarse. Considero que aguanté demasiados desagravios y ofensas sin levantar la mano. Me daba miedo hacerlo y me causaba dolor verme en aquella situación. Aunque también llegué a provocar situaciones parecidas. Ninguno estamos exentos de culpa. Otra vez la Biblia.
El otro día evocaba junto con mi amigo Andrés, la época en que salíamos de farra por Moncloa y el personaje clásico del malote. Tipos que salían cada fin de semana, engalanados para el combate. Con novia o sin ella alardeaban de fuerza, física y visual, buscando con la mirada candidatos para sus duelos de puños y patadas. Tipejos que sentían la necesidad de agredir por tan solo una supuesta mala mirada a él o no tan mala a su hembra. Toda una tribu de tribus, que merece ríos de tinta a parte. Ni a mi amigo, ni a mi, se nos pasaba por la cabeza andar por la calle con tales planes. Lo nuestro era un buen botellón y a tomar copas por los Bajos de Argüelles (durante una época). Aunque a mis coleguillas del barrio, de los que me faltó tiempo para dejar de verles, si les motivaba ese estereotipo del bakala desfasado, alucinado y cocainómano. Allá cada uno con sus mitos. Es cierto que el tiempo nos ha ido poniendo a cada uno en su sitio y yo ahora no me cambiaba el pellejo por el de ninguno de aquellos artistas. El éxtasis y la nieve han ido haciendo estragos y ya, compañeros míos del colegio, no valen ni para una mala sodomía. Y mira que nos lo avisaron.
Camino y caminaré con entre violencia. Más que la que había antes y menos de la que hay en muchos lugares. Estoicismo e inteligencia para evitar lo absurdo.

1 comentario:
Mientras leía el post pensaba que estaba totalmente de acuerdo contigo y pensaba también en cómo escribir que aún así, se puede, casi siempre, evitar la violencia.
Y tu última frase lo resume todo. Justo lo que yo quería escribirte y no encontraba cómo. "Estoicismo e inteligencia para evitar lo absurdo".
Buenísimo el post y buenísima esta frase. Genial el fondo y la forma de lo que has escrito.
Saludos
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