domingo, 11 de enero de 2009

NIEVE




Hace ya años, creo que unos 10, que no ha caído una nevada tan intensa y con efecto tan perdurables como la de este viernes. Y la verdad es que ha sido un gustito, ya que no deja de ser en el Madrid posmoderno en el cual me he criado, un fenómeno mitológico como mitológicos son los tranvías. Por ello, no pude resistir la tentación de que después de un ratito de estudio matinal, pillar las cámaras de fotos (la mía y la de mi madre que es más moderna y graba mejores videos) y darme el paseo con mi padre en metro hasta Pinar de Chamartín a cazar unas instantáneas del ser mitológico por su nevado feudo. Así de paso pude horrorizarme con los encantos de la arquitectura contemporánea y seguir valorando y apreciando lo tradicional.
El fin de semana me lo he pasado metido en casa preparando el examen que tengo este lunes de cálculo infinitesimal. Y la verdad está siendo un gusto contemplar el paso del coloso siberiano en compañía de mi radiador mientras reflexiono y medito sobre el maravilloso mundo de la integración indefinida, series de potencia, aproximación local y representación de funciones. Y la verdad es que con todo esto no he tenido el gusto de catar los encantos del colapso general de carreteras y aeropuerto. Tampoco quiero opinar sobre si las administraciones públicas no han actuado correctamente. Desconozco ahora mismo los medios de que se dispone para semejante situación y si es lícito que el aeropuerto de Barajas estuviese cerrado 6 horas. No voy a entrar a juzgarlo. Al menos, doy gracias de que la red eléctrica ha resistido el embiste y ninguna subestación de Madrid se ha achicharrado.
Continuaré esta tarde de domingo, tras la dar cuenta de un buen plato de cordero con verduras y patas fritas, instruyéndome en el cálculo en compañía de mi radiador y suspirando por un viaje en un viejo tranvía por una ciudad nevada.




No hay comentarios: