
En mi anterior post, os comentaba a vosotros, mis lectores y lectoras, altos y bajos, gordos y flacos, guapos y feos, pobres y pequeño burgueses, que el vivir un domingo es un arte. Y nombraba como ejemplo, el dedicarlo a la celtíbera mañana en el rastro de Madrid.
Eso fue lo que me aconteció hace ya casi tres semanas, tras dormir 4 horas y despertarme con una resaca de las que hacen historia. Con valentía y audacia, me levanté, me lavé la cara y preparé mi provisión de agua y tableta de chocolate extra fino francés poniendo rumbo a través de los matritenses túneles hasta la Glorieta de Embajadores.
Ando últimamente componiendo una máquina, expresión máxima del ingenio homínido, por lo que la necesidad de encontrar piezas y artilugios me llevó a comenzar mi mercantil ruta por aquella castiza zona.
Tras recorrer la Ronda de Toledo y rebuscar en puestos de cacharros, decidí entretenerme cotilleando libros, juguetes, revistas... y sellos. Hace mucho que no aporto mas elementos a mi colección, pero hubo una caja que me llamó la atención: COLONIAS ESPAÑOLAS. Aquí os dejo mi adquisición de aquella mañana (la única junto a una linterna que funciona sin pilas). Testigo de un pasado poco conocido y del que me gustaría saber más, incluso, escribir.

1 comentario:
Ah!
Qué placido recuerdo el de la gloriosa época colonial española. Qué dulce el arrullo lejano de los vítores y salves de las turbas a los héroes de la patria, y qué confortables las horas de invierno frente a un buen libro de historia (de los no-envenenados por los nuevos planes de estudios).
Añoremos juntos esos días beatos en los que podías toparte, en pleno paseo de la Habana, con un guineano de tres patas con traje oscuro de pantalón de pitillo de algodón y corbatín estrecho que, en cuidado y académico castellano, te paraba para pedirte la dirección de la sede social de algún próspero holding. Recordemos, si no, al apuesto novio que se echaba la hija de Paco Martínez Soria en aquella obra maestra del repertorio fílmico vespertino cuyo nombre no recuerdo.
- ¿Negro? ¿De los que les lavas y no se les quita?
Sí, pero igual de español que una señora de Almagro, o un mozalbete de Galdácano.
No olvidemos que muchos hispanoamericanos – e hispanohablantes – se refieren a España como la “Madre Patria” (o algo así; Míjel: corrígeme si me equivoco)
El hecho de que a los niños traviesos holandeses, flamencos y valones, en lugar de amenazarles con cucos, brujas y ogros, o con el célebre hombre del saco, se les diga que va a venir el Duque de Alba a comerles el culo (si no se terminan los garbanzos), no puede resultar menos que enorgullecedor.
Lástima que, entre pijos magrebíes, masones con patillas, yanquis y marxistas, se nos haya jodido todo el cotarro.
Viva España, sus seis límites, sus archipiélagos, sus treinta y tres reyes godos y sus tierras de ultramar.
Y viva el Rastro.
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