domingo, 9 de marzo de 2008

DOMINGO

Día del Señor, descanso y fin de la creación. De los siete hermanos, para muchos, el más significativo, junto con el lunes o el viernes.
La verdad, es que me gusta que sea un día de descanso, físico o moral. Antojado al hedonismo, su sabor me ha resultado muchas veces agridulce, por mi condición de estudiante. Hay muchos tipos de estudiantes. Yo soy de los que tienen jornada autónoma y que no conoce de fiestas nacionales, populares y sociales. Mas sarna con gusto no pica.
En la metrópoli madrileña, el domingo puede tener muchos usos. Misas, paseos, museos, eventos diversos, manifestaciones, sex-shops, rastro, cine etc. La opción cascorrera (el rastro) siempre me ha resultado gustosa, a excepción de mi época post adolescente botellonera, en la cual, el domingo era un día de penitencia, del que no se conocía la mañana y se maldecía la tarde.
Luego está el momento amigos después de comer, bebiéndonos el café, el pacharán, la caña, la tarde. Buena manera de enterrar la semana. ¡Qué tiempos!

2 comentarios:

Sofia dijo...

perdona, pero a este post le falta el parchis por algún lado

Anónimo dijo...

El domingo es cojonudo... Nace muerto y por ello no se tiene que luchar con él, se le vence si se quiere, pero como la muerte es ya eterna, el tiempo los domingos es tan solo un efecto fugaz...