

Yo tenía 6 años y no comprendía por que tanta gente se lanzaba como loca a derribar un muro con simples herramientas de mano, enloquecidas de alegría y eufóricas. O tal vez si. Tumbaban algo que las había hecho infelices y causado mucho miedo. Cada vez que una tajada de muro sucumbía a los golpes y cortes hechos con radiales, la celebración era máxima. Algo pasaba en Alemania y por ello nos acordábamos de Franca. La recuerdo como alguien de mi familia que venia a vernos una vez cada dos años. Siempre traía pasteles y sidra y se quedaba a dormir en nuestra casa. Me impresionaba su acento y facciones germanas: mujer alta, fuerte y rubia. Años atrás, antes de que yo naciera, ella fue una joven estudiante de castellano, huésped en el piso que mis padres tenían para alquilar. Acabó siendo una amiga que regresaba siempre que podía para visitar, con mucho cariño, a su familia española. Pensábamos en ella, pero con tranquilidad porque Franca era de la República Federal Alemana. Por eso estábamos tranquilos y por eso ella pudo venir a España a conocernos.
Que a un ciudadano se le imponga el sistema político y ecónomo bajo el cual tiene que desarrollar su vida y disfrutarla (en la medida de lo posible) es jodido. Más aun, desde mi punto de vista, si ese sistema es el comunista. Pero ya la puntilla es que uno se tenga que quedar por la fuerza en el territorio que es objeto de tal soberanía. Imposición que me recuerda a la de los campesinos, en la Edad Media, bajo servidumbre de los señores feudales. Aquellos desgraciados, no solo tenían que padecer las inclemencias de una economía precaria y sin capacidad de progreso, como era la feudal, sino que también los abusos de tan nobles dirigentes. Pues además se les tenía prohibido abandonar los terruños, bajo aplicación de sufrir penas muy severas. Creo que de ahí, a la esclavitud, quedaba poco. Una cosa es ser ciudadano y otra ser súbdito o siervo.
Parece ser que en la República Democrática Alemana la gente no andaba muy contenta. Sin entrar en analizar los pormenores de su economía, en un lugar donde hay un espía por cada 70 ciudadanos, con el fin de controlar e informar hasta del papel higiénico que gastan, no se debe de estar demasiado bien. Más aún cuando detrás de la información llega la ejecución de condenas y castigos para todo aquel que se salga del tiesto. No quiero ni pensar lo que debe ser vivir rodeado de semejante panda de hijos de mala madre, como según sus víctimas, fueron por voluntad y autoridad concedida los agentes de la Stasi.
Ahora que se conmemora y celebra el 20 aniversario del derribo del Muro de Berlín, se emiten reportajes sobre el suceso en la caja tonta. Entre otras cosas, se visionan las diversas formas que ingeniaron súbditos de la República Democrática Alemana para largarse. Me conmovió el caso de un señor que se construyó un globo casero, pero cuando consiguió elevarse hacia el cielo, por no ir suficientemente abrigado, empezó a congelarse y desesperado saltó. Se mató en el intento. Tres meses después el muro fue derribado. Desde luego que, lo que se hayan encontrado los alemanes tras la caída del cerco socialista, no habrá sido gran cosa. Pero seguro que mucho mejor que vivir dominado por un poder político, omnipresente, omnipotente y por lo tanto, terriblemente corrupto y tirano
Que a un ciudadano se le imponga el sistema político y ecónomo bajo el cual tiene que desarrollar su vida y disfrutarla (en la medida de lo posible) es jodido. Más aun, desde mi punto de vista, si ese sistema es el comunista. Pero ya la puntilla es que uno se tenga que quedar por la fuerza en el territorio que es objeto de tal soberanía. Imposición que me recuerda a la de los campesinos, en la Edad Media, bajo servidumbre de los señores feudales. Aquellos desgraciados, no solo tenían que padecer las inclemencias de una economía precaria y sin capacidad de progreso, como era la feudal, sino que también los abusos de tan nobles dirigentes. Pues además se les tenía prohibido abandonar los terruños, bajo aplicación de sufrir penas muy severas. Creo que de ahí, a la esclavitud, quedaba poco. Una cosa es ser ciudadano y otra ser súbdito o siervo.
Parece ser que en la República Democrática Alemana la gente no andaba muy contenta. Sin entrar en analizar los pormenores de su economía, en un lugar donde hay un espía por cada 70 ciudadanos, con el fin de controlar e informar hasta del papel higiénico que gastan, no se debe de estar demasiado bien. Más aún cuando detrás de la información llega la ejecución de condenas y castigos para todo aquel que se salga del tiesto. No quiero ni pensar lo que debe ser vivir rodeado de semejante panda de hijos de mala madre, como según sus víctimas, fueron por voluntad y autoridad concedida los agentes de la Stasi.
Ahora que se conmemora y celebra el 20 aniversario del derribo del Muro de Berlín, se emiten reportajes sobre el suceso en la caja tonta. Entre otras cosas, se visionan las diversas formas que ingeniaron súbditos de la República Democrática Alemana para largarse. Me conmovió el caso de un señor que se construyó un globo casero, pero cuando consiguió elevarse hacia el cielo, por no ir suficientemente abrigado, empezó a congelarse y desesperado saltó. Se mató en el intento. Tres meses después el muro fue derribado. Desde luego que, lo que se hayan encontrado los alemanes tras la caída del cerco socialista, no habrá sido gran cosa. Pero seguro que mucho mejor que vivir dominado por un poder político, omnipresente, omnipotente y por lo tanto, terriblemente corrupto y tirano

2 comentarios:
No sé si habrás visto dos películas sobre el tema.
"La vida de los otros"
y
"Good bye Lenin!"
PUede que sí que las hayas visto ya que son de hace pocos años. Cuentan con total normalidad, sin aspavientos de ningún tipo, cosas de la vida en aquélla Alemania terrible. Estos días, con las conmemoraciones de la caída del muro, me venían a la cabeza imágenes, diálogos de estas películas...
Saludos
Y...otra cosa...¡¡¡¡seis años!!!!
¡¡¡ ¿¿¿tenías 6 años cuando cayó el muro???????
No te digo los que tenía yo, jajajaj...
Qué bueno. Eres super joven.
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