Ayer por la noche haciendo zapping di con Eduardo Punset en el programa Cara a Cara de CNN+. Dejé de dispara con el mando y me detuve a escuchar a tan agradable divulgador científico. Hablaba de sus experiencias y aprendizajes sobre la ciencia.
Una de las cosas que comentó es que el ser humano, como casi todos los monicacos, presenta una gran dificultad a cambiar de opinión sobre algo o incluso simplemente cambiar. La misma idea de dejar de ser quien somos nos aterra. Eso explica muchas conductas estúpidas y que no benefician a nadie. Rectificar es de sabios y hay que hacer el esfuerzo de abrirse a nuevas visiones o conductas.
Cuando surgió el concepto de felicidad, Eduardo Punset la definió como la ausencia de miedo. Estoy de acuerdo. En el momento en que existe miedo por algo no se está a gusto. Uno se vuelve siervo de las malas ideas, rabias y angustias. Recuerdo que en una de las pelis de Star Wars un maestro de esos con espada de las que queman, proclamaba que el miedo conduce a la ira, la ira al odio y el odio al sufrimiento. Creo que era en este orden y si no es así, por favor, que algún entendido en la materia me corrija. Está claro que con sufrimiento no se es feliz. Por felicidad se pueden entender muchas cosas, algunas más reales que otras. Hay para quien se trata de un estado continuo de orgasmo virtuoso y algodonado. Luego viene la rehabilitación. Yo opino algo parecido a Punset. Se trata de una ausencia de miedo o al menos en cierta magnitud. Siempre hay problemas y preocupaciones, pero cuanto menos mejor. También lo asocio a la paz. La falta de conflicto endulza y se puede tener por fuera o por dentro. Muchas veces, las peores guerras son las que se libran dentro de uno mismo. Es una victoria conseguir estar en paz con uno mismo. Ramiro Calle señala que el sufrimiento sólo lo debe de provocar la enfermedad, propia o de los seres queridos y las acciones de personas aviesas y moralmente desviadas. Por lo demás, sobra estar jodido.
Punset también comentó que a veces la felicidad se encuentra en la antesala de la felicidad. Hace tiempo que me he ido dando cuenta de que el fin en sí mismo no debe ser el pilar del bienestar. Hay que hacer por disfrutar del camino, la ruta o el sendero. Tomarlo a las malas y andar cargándose uno mismo de piedras sólo conduce a un sufrimiento extra o incluso a no poder llegar al destino deseado. No es fácil y ello constituye el arte de vivir; la ética. Yo, por ejemplo, me enfrento a la continuación de un camino largo, para acabar la carrera (Ingeniería Técnica Industrial) a costa de esfuerzo, concentración, dedicación, sacrificio y constancia. Tengo un amigo, a quien quiero mucho, que simboliza, en cierto modo, el fin. Trabaja, está casado, tiene casa, coche, ahorros, etc. Si pienso en todo eso, que no tengo, pues llego a sentir frustración. Pero así no se va a ningún lado. Como dicen los viejos, ya habrá tiempo. Ahora me toca esforzarme y disfrutar de la vida según se me presente, por paupérrima que pueda parecer. Tampoco me falta una cama cómoda, casa (la de mi madre), comida, agua caliente, calefacción, medicamentos, servicio médico, etc. Por no descontar el cariño de mis seres queridos (amigos y algunos familiares). Es en esto en lo que Ramiro Calle se refiere con la historia de un hombre que hizo un viaje largo (meses caminando por montañas) hacia un templo en busca de la plenitud espiritual. Al llegar, el sabio monje que le atendió le dijo que todo aquello fue innecesario. Esa plenitud la tenemos en cualquier momento con nosotros mismos. Es cuestión de saber alcanzarla. Sin duda unas veces de manera más fácil y otras mucho más difícil. En todo esto la humildad es la mejor de las posturas.
A Ramiro Calle también le conocí en una edición de Cara a Cara. La televisión no sólo ofrece basura.
Una de las cosas que comentó es que el ser humano, como casi todos los monicacos, presenta una gran dificultad a cambiar de opinión sobre algo o incluso simplemente cambiar. La misma idea de dejar de ser quien somos nos aterra. Eso explica muchas conductas estúpidas y que no benefician a nadie. Rectificar es de sabios y hay que hacer el esfuerzo de abrirse a nuevas visiones o conductas.
Cuando surgió el concepto de felicidad, Eduardo Punset la definió como la ausencia de miedo. Estoy de acuerdo. En el momento en que existe miedo por algo no se está a gusto. Uno se vuelve siervo de las malas ideas, rabias y angustias. Recuerdo que en una de las pelis de Star Wars un maestro de esos con espada de las que queman, proclamaba que el miedo conduce a la ira, la ira al odio y el odio al sufrimiento. Creo que era en este orden y si no es así, por favor, que algún entendido en la materia me corrija. Está claro que con sufrimiento no se es feliz. Por felicidad se pueden entender muchas cosas, algunas más reales que otras. Hay para quien se trata de un estado continuo de orgasmo virtuoso y algodonado. Luego viene la rehabilitación. Yo opino algo parecido a Punset. Se trata de una ausencia de miedo o al menos en cierta magnitud. Siempre hay problemas y preocupaciones, pero cuanto menos mejor. También lo asocio a la paz. La falta de conflicto endulza y se puede tener por fuera o por dentro. Muchas veces, las peores guerras son las que se libran dentro de uno mismo. Es una victoria conseguir estar en paz con uno mismo. Ramiro Calle señala que el sufrimiento sólo lo debe de provocar la enfermedad, propia o de los seres queridos y las acciones de personas aviesas y moralmente desviadas. Por lo demás, sobra estar jodido.
Punset también comentó que a veces la felicidad se encuentra en la antesala de la felicidad. Hace tiempo que me he ido dando cuenta de que el fin en sí mismo no debe ser el pilar del bienestar. Hay que hacer por disfrutar del camino, la ruta o el sendero. Tomarlo a las malas y andar cargándose uno mismo de piedras sólo conduce a un sufrimiento extra o incluso a no poder llegar al destino deseado. No es fácil y ello constituye el arte de vivir; la ética. Yo, por ejemplo, me enfrento a la continuación de un camino largo, para acabar la carrera (Ingeniería Técnica Industrial) a costa de esfuerzo, concentración, dedicación, sacrificio y constancia. Tengo un amigo, a quien quiero mucho, que simboliza, en cierto modo, el fin. Trabaja, está casado, tiene casa, coche, ahorros, etc. Si pienso en todo eso, que no tengo, pues llego a sentir frustración. Pero así no se va a ningún lado. Como dicen los viejos, ya habrá tiempo. Ahora me toca esforzarme y disfrutar de la vida según se me presente, por paupérrima que pueda parecer. Tampoco me falta una cama cómoda, casa (la de mi madre), comida, agua caliente, calefacción, medicamentos, servicio médico, etc. Por no descontar el cariño de mis seres queridos (amigos y algunos familiares). Es en esto en lo que Ramiro Calle se refiere con la historia de un hombre que hizo un viaje largo (meses caminando por montañas) hacia un templo en busca de la plenitud espiritual. Al llegar, el sabio monje que le atendió le dijo que todo aquello fue innecesario. Esa plenitud la tenemos en cualquier momento con nosotros mismos. Es cuestión de saber alcanzarla. Sin duda unas veces de manera más fácil y otras mucho más difícil. En todo esto la humildad es la mejor de las posturas.
A Ramiro Calle también le conocí en una edición de Cara a Cara. La televisión no sólo ofrece basura.

4 comentarios:
Es todo una gran paradoja, porque al final si no se trata de llegar, A DONDE COÑO VAMOS? Jejeje. Bueno, supongo que al final ya hemos llegado y no nos enteramos, estamos bien y hay que vivir bien y hacer cosas, las que nos gusten a corto y largo plazo. No se si hay vida después de la muerte, antes sí, y hay que aprovecharla. Vivir bien, y morir contentos, como decía Gil de Biedma: Hasta morir en paz, como dicen que mueren los que han amado mucho.
El tema es intentar disfrutar del camino sin obsesionarse con el fin. Y muchas veces el destino no es el que se esperaba. Eso no tiene por que ser malo. A veces incluso mucho mejor de lo que se tenía proyectado. Buena suerte o mala suerte. Tú lo has dicho. Una gran paradoja.
Un abrazo muy fuerte.
Todo, todo, todo es una gran paradoja...o una gran confusión...o no sé...y puedo poner más cosas y más puntos suspensivos......
Claro que importa el fin, claro que importa dónde vamos, porque el objetivo es lo que marca el camino. Pero sin duda importa más bien el viaje, como decía Kavafis, y mira que se trataba de ir a Ítaca, nada más y nada menos: "que tu viaje sea largo, rico, lleno de conocimientos" (no sé si era así o parecido, pero la idea era ésa).
Después están "las cosas". Me gusta, Antonio, que hables de "calefacción, comida, asistencia médica...", porque sí, las cosas que nos dan confort ayudan y mucho, o más bien, el no tenerlas, dificulta y mucho.
Pero claro, se trata de ver qué cosas. A mí, por ejemplo, me encanta viajar, y además, aunque esté de viaje, ducharme todos los días (lo de mochilera tirada ya lo he hecho y ni a los quince años me hacía gracia), por lo que necesito dinero. Pero claro, no necesito dinero para comprarme un abrigo de pieles porque es algo que no va conmigo y no me aporta nada.
Hay gente que sí, que el dinero, cierto posición o lo que sea, lo utilizan para acumular cosas de esas de la sociedad del bienestar que al final no les dan ni un mínimo de felicidad. La felicidad estará también en saber qué de todo lo material te llena a nivel digamos emocional, sentimental (no me atrevo a decir espiritual).
La capacidad de disfrutar cada cosa sencilla, marca la capacidad de ser feliz, creo. Pero el que tiene esa sensibilidad también la tiene para "lo malo". Es muy difícil sólo tener ojos y mente y sentimientos para lo positivo y no ver la desgracia o la frustración.
Es muy complicado (para mí casi imposible), percibir y sentir todo lo bueno al máximo, con gran intensidad y en cambio dejar de percibir y dejar de sentir lo malo, o sentirlo "a medio gas".
Sería como si la persona de uno fuese una autovía o una carretera de montaña. Si se trata de lo primero, vas a tener tranquilidad, algún adelantamiento rápido y ningún sobresalto más, ni para bien, ni para mal. Si tu persona es como una carretera de montaña, vas a disfrutar enormemente del paisaje y de cada acción tuya en cada curva, pero vas a sentir también el pánico de la altura y vas a tener presente en cada momento que puedes llegar a la cumbre y luego bajar y volver a subir pero que también en cada instante puedes caerte abajo y no salir vivo del destrozo.
Pero, pero...¡¡¡pero qué de obviedades estoy diciendo!!! tanto rollo para comentar lo que todos sabemos. ¡¡¡Me callo, ya!!!
Bueno, no, no me callo todavía. Que lo de Eduardo Punset es genial. Yo cogí hace poco (lo de los horarios de su programa es ya cosa de ciencia ficción en la tele), un programa en el que hablaban de la "sinestesia"...genial genial.
Y ayer creo o hace un par de días hablaban sobre la inteligencia y las partes del cerebro implicadas en las acciones de la inteligencia y esas cosas. Interesantísimo todo.
Bueno, saludos.
Y prometo intentar comentarios más cortos.
Hola Cristina.
Lo primero, agradecerte el comentario y decirte que los hagas tan largos como quieras.
Está claro que no es muy factible vivir como Diógenes el Cínico pero a veces entre tanta pulsión de consumo y derroche no viene mal tomar la filosofía de la austeridad como vector de la conducta y actitud para afrontar una situación de crisis o precariedad económica. Durante unos 8 meses trabajé en una financiera perteneciente al grupo empresarial de unos grandes, cortados e ingleses almacenes. Concretamente en el área de impagos previos a demanda judicial. Durante aquel tiempo pude ver que la mayoría de los morosos se habían metido en el agujero por querer llevar un tren de vida que no les tocaba y comprometerse a saldar deudas que luego no podían afrontar. A esa gente les hubiera venido bien ser un poco más como Diógenes el Cínico y no los famosos de palo que salen por la caja eléctrica.
Me encanta la comparación que haces entre la autovía y la carretera de montaña. Siempre que se quieran ver los paisajes más bellos hay que afrontar el miedo al guarrazo. Y volvemos a lo mismo; no siempre es fácil.
Termino insistiendo en que me comentes cuando quiera, como quieras y con la dimensiones que quieras.
Un saludo muy gordo!
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