jueves, 21 de agosto de 2008

MULTA


Soy partidario de se construyan en España más centrales nucleares. Creo que es la única solución efectiva ante la problemática climatológica y la dependencia energética (presente y futura) de otros piases. Además, la energía eléctrica de origen nuclear que no se produzca en España, se importará de Francia o incluso Marruecos (pésimo pronóstico).
Para tal desarrollo, es necesario tanto que se derogue la moratoria nuclear como que se hagan las cosas como Dios manda y no caer en chapuzas a la soviética. Es por ello por lo que recibí ayer con satisfacción, a través de un diario, la noticia sobre la petición de multas para la central nuclear de Ascó I.
El pasado 26 de noviembre hubo un incidente del cual la central no informó hasta el mes de abril. Se produjo un escape, el cual no generó daños a la población ni al medio ambiente. Si hubo fallos en el suministro y control de la información. Además, uno de los factores que contribuyeron a tal emisión tuvo su origen en la modificación del punto de tarado de los monitores de radiación del edificio de combustible a un valor superior al establecido. Las sanciones contemplan estas y otras negligencias. Ahora le toca al Ministerio de Industria fijar las cuantías de la sanción.
El uso de energía nuclear requiere de máximos controles de calidad y trasparencia. Más aún, cuando se ha de luchar contra el oscurantismo y satanización popular que giran en torno a tan fascinante forma de convertir la materia en energía.
Las previsiones de incremento del consumo de energía para los próximos años son tremendas y me temo que el uso de energías renovables no va a ser suficiente. Más aún, si pretendemos eliminar al máximo las emisiones de anhídrido carbónico en la industria y el transporte. Para obtener hidrógeno, con el cual los vehículos pueden funcionar sin emitir tan apocalíptico compuesto químico, es necesario un gran aporte de energía eléctrica.
Siempre que se habla de energía nuclear, saltan a las conciencias imágenes apocalípticas de niños con cáncer, terneros con dos cabezas y lechugas con mala pinta. Un accidente nuclear (una fuga por ejemplo) tiene consecuencias terribles. También lo tienen los escapes químicos, los accidentes de tráfico o los códigos penales chapuceros. Evaluemos los riesgos y siempre teniendo en cuenta el rigor y disciplina con que se deben de hacer las cosas.

1 comentario:

Pull dijo...

Nos encontramos en el mismo saco. Y hacemos eco.
Las centrales nucleares cuentan con una curiosa similitud con la masonería: en Francia están bien vistas, y aquí no. Las causas deberían ser escudriñadas en la dialéctica histórica, en la costumbre de echarse la siesta o en vete tú a saber dónde.
Lo malo de la energía nuclear en España recae en que... bueno... que si el reactor suena, es que uranio lleva. De las ciento un mil manifas verdes y renovables, de los quince billones de reportajes contra las nucleares y de los cuatrocientos conco mil testimonios de padres de familia con tres penes... Al menos cinco o seis casos tendrán razón.
Lo malo es que hacer centrales nucleares es relativamente sencillo (Boffil hijo podría), pero acometer un plan de desmantelamiento acorde con los estándares mundiales, que clausurara la totalidad de las centrales españolas, presentaría una factura al Estado Español que mataría de un infarto a cualquiera.
La solución, imagino, se hallará al alcance de la mano de los políticos (qué miedo).